jueves, 26 de mayo de 2016

La ruta de la Alcaldía de Medellín no cuenta con el posconflicto

Artículo publicado en la Edición impresa 114  (Mayo - Junio 2016) de Periferia Prensa Alternativa


Por Miguel Ángel Romero

El proyecto de plan de desarrollo de la administración de Federico Gutiérrez, difiere a la apuesta que ciudadanos y organizaciones plantean  en materia de construcción de paz.

El debate del plan de desarrollo y posconflicto es un tema importante para Medellín debido a que por esta ciudad han cruzado todos los actores del conflicto; cifras de la Unidad de Reparación de Víctimas y la Secretaria de Inclusión Social de Medellín, señalan que la ciudad registra un total de más de  600 mil víctimas, donde  un 72% corresponde al desplazamiento intraurbano. Por esta razón, el posconflicto en la ciudad pasará por la dignificación de las víctimas hasta la reintegración a la vida civil de los excombatientes, asuntos que está poniendo en cuestión la actual propuesta de plan de desarrollo de la ciudad.

El nuevo alcalde de Medellín quedó electo por el movimiento “Creemos” bajo el lema de ser un candidato independiente, alejándose de la sombra de sus anteriores mentores políticos, Sergio Fajardo y Álvaro Uribe Vélez.  Sin embargo, su cercanía al uribismo es innegable, ya que a pesar de haber enfrentado en las pasadas elecciones al candidato del Centro Democrático, en 2011 Federico fue el candidato a la alcaldía de Uribe y en 2014 hizo campaña presidencial a Óscar Iván Zuluaga, desde donde criticó fuertemente el proceso de paz de la Habana con las FARC.

En el pasado plan de gobierno Federico afirmó que “La Habana es un tema mucho más político que efectivo, y que la firma de un acuerdo – cualesquiera sean las características del mismo– no significarán paz en nuestros territorios”. A pesar de esto, durante la pasada campaña electoral a la alcaldía el tono de sus críticas bajó, e inclusive el entonces candidato firmó un compromiso en una agenda de posconflicto propuesta por La Mesa Interinstitucional Voces de Paz, el cual incluye asuntos como la continuidad en la búsqueda de desaparecidos en La Escombrera, el Informe de Memoria Histórica "Medellín ¡Basta ya!" y la convocatoria del Consejo Municipal de Paz. Ahora en la Alcaldía, estos temas vuelven a generar un debate con la presentación del Plan de desarrollo de su administración.

El plan de desarrollo ha tenido algunos traspiés debido a las múltiples críticas desde la presentación del anteproyecto, por ejemplo Medellín Cómo Vamos señaló que las metas del plan eran poco ambiciosas, cuestionó aspectos técnicos como el uso de indicadores y la falta de justificación de los enfoques de éste. Para el caso de la propuesta que actualmente está en discusión en el concejo lo que ha sorprendido a algunos sectores es el menosprecio por la paz e invisibilización de los Diálogos de la Habana. El malestar parte del no cumplimiento de compromisos adquiridos en la campaña electoral, y de  que la propuesta de construcción de paz que plantea la administración se supone es desde el territorio, pero las voces ciudadanas no comprometen ni cambian lo que la administración propone. Este es el caso de los encuentros ciudadanos que sea realizaron  al iniciar la administración nombrados como “La Ruta de Medellín”, lugar en el que muchos ciudadanos se dieron cita para proponer asuntos de importancia para la ciudad, entre ellas las víctimas del conflicto, que ahora, en plan de desarrollo, no ven reflejadas sus propuestas.

Tras el debate del anteproyecto, los cambios  en materia de paz se dieron sólo en diagnósticos e indicadores de programas, que anteriormente no estaban o quedaban cortos, pero en el fondo no  hubo modificaciones, de hecho la apuesta de la actual administración sigue siendo la misma a la del plan de gobierno. Lo cual, en términos programáticos es lo que suele suceder, pero deja en la discusión muchas preguntas frente a la escucha de las propuestas ciudadanas en los espacios como la llamada “Ruta de Medellín”.

La ruta que plantea la alcaldía
Los temas relacionados a la paz en el plan de desarrollo no son una dimensión; se encuentran como un  reto dentro de la dimensión “Entre todos  recuperamos la seguridad  y la convivencia ciudadana”,  en donde se aborda la seguridad, la convivencia, y finalmente la paz. Se debe mencionar que en todo el plan de desarrollo, la palabra posconflicto aparece cuatro veces, mientras la palabra seguridad aparece 388 veces.  Sobre el reto de la construcción de paz, en el plan de desarrollo  no se hace mención al conflicto armado, ni  a los procesos de paz  con la insurgencia. La historiadora Marta Villa dice que hay que entender un sentido de la paz relacionado con el acuerdo de la Habana, con la negociación del conflicto armado; y otro en relacion con la cultura de paz, que nos compete a todos como sociedad; trabajar en las dos perspectivas es necesario, el plan habla por ejemplo de cultura de paz, el interrogante que nos queda es qué postura va a tomar esta ciudad y esta administración en relacion con el conflicto armado,si hay un acuerdo en La Habana; eso creemos que no está claro”.

Por esta razón, no hay claridad frente a cuál dependencia municipal se encargará  de las acciones de la Alcaldía en materia de paz, pero además, proyectos relevantes para las víctimas del conflicto con relación a la verdad, como lo son  búsqueda de desaparecidos en La Escombrera, no aparecen. Igualmente, se mencionan dos aspectos importantes como lo son integración y educación para la paz, pero de manera general, lo cual no permite conocer cómo será la apuesta por la reintegración, a la vez que  tampoco se menciona a quiénes se buscará reintegrar, y tampoco se menciona la pedagogía sobre los procesos de paz para informar a la ciudadanía.

Lo que exigen las víctimas
El pasado 16 de abril, en el concejo de Medellín, se dieron cita las organizaciones de víctimas de la ciudad para poner su voz en el debate sobre el plan de desarrollo. Mientras los concejales brillaron por su ausencia, las tribunas  estaban abarrotadas de mujeres y hombres, la mayoría adultos, que llevaron pancartas con consignas que pedían más presupuesto para vivienda, garantías para su ejercicio político, no más represión, entre otras cosas.

“Disminución en presupuesto para el cemento y represión, y aumento para cerrar la brecha de desigualdad” expresó Gloria Cecilia Quiceno, de la Mesa de Víctimas,  durante su intervención. Recordaron que  muchas de estas organizaciones se han constituido para garantizar la subsistencia de las personas víctimas. Igualmente,  de manera respetuosa pero decidida, exigieron correspondencia en los ejercicios  de incidencia en los que participaron durante todo este año; piden que se les reconozcan y les den espacio en la política pública de atención a víctimas. En conclusión, exigen una política que trascienda las condiciones de su victimización, no sólo una política que visibilice las cifras de reparación, y en palabras de Martha Cecilia Suescún: “Las propuestas para víctimas no tendrán sentido si al implementarlas no tienen en cuenta a la población víctima del conflicto, como lo contempla la ley”.


sábado, 21 de mayo de 2016

Llegó la hora de los pueblos: Es un Paro por la paz y contra el modelo económico


Artículo publicado en la Edición impresa 114  (Mayo - Junio 2016) de Periferia Prensa Alternativa



Por Equipo Periferia


El movimiento social articulado en la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular y muchos otros sectores de la sociedad preparan una nueva jornada de paro, que invita a construir paz con justicia social y a cambiar el modelo económico. Periferia habló con algunos dirigentes nacionales articulados en la Cumbre Agraria sobre lo que se viene.


Las razones para movilizarse: Un contexto ajeno a los anhelos de paz con justicia social
De acuerdo a lo expresado por Jimmy Moreno, Vocero Nacional del Congreso de los Pueblos, el contexto político actual hay que reflexionarlo en dos ámbitos: el latinoamericano y el nacional, en donde Colombia se la juega en términos de Paz y Movilización. No es posible entender el panorama de nuestro país sin analizar los intereses del imperialismo norteamericano que hoy sostiene de una manera más agresiva una estrategia para recuperar el control de América Latina, y para ello aplica un diseño que destruye a los gobiernos democráticos, alternativos y al conjunto del movimiento popular. “En esa reflexión vemos la importancia de que los movimientos sociales y populares logremos unificarnos en torno a una acción continental que defienda estos procesos alternativos y democráticos… pero que tenga una perspectiva estratégica para sostener los avances alcanzados. Esta debe ser la hora de los pueblos para asumir un protagonismo mayor en los procesos de cambio y la defensa de lo alcanzado, porque la política del capitalismo nos afecta a todos”.

Según Moreno, Colombia se encuentra rezagado en el contexto de cambios de la región, ya que aún no se ha podido construir un gobierno alternativo y democrático, y el contexto resulta más complejo pues el país enfrenta una crisis económica profunda que refleja cómo el capitalismo a través del modelo neoliberal viene en un proceso de degradación de la vida, de los territorios, del planeta, pero es capaz de imponerse ante las crisis y usar estrategias de reacomodo de sus intereses intensificando el modelo en los territorios.

También está el tema de la paz, pues si bien es cierto hay unos procesos de negociación con la Insurgencia, que es respaldado por la Cumbre Agraria, esta señala que el Gobierno Nacional impulsa un modelo de paz contrario a los intereses de las grandes mayorías. “El Estado en medio de la negociación viene profundizando la política minero energética y la crisis económica; el Plan Nacional de Desarrollo está bajo los requerimientos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, y eso  tiene que ver con imponernos reformas tributarias, más impuestos, más despojo de nuestros territorios, más privatizaciones, entre otras cosas”, complementa el líder social.

Según el vocero, el contexto es de profunda vulneración de los derechos humanos y falta de garantías para la lucha social y política; “hechos como los del primero de mayo del hombre que le estaba disparando a efectivos del ESMAD, resulta ser un montaje para tratar de criminalizar la protesta social y coincide con el avance de la ley de seguridad ciudadana, que se discute en el Congreso de la República, y el nuevo código de policía que les da facultades para violar nuestros derechos civiles y políticos. Por otro lado, el paro que hicieron los paramilitares el 1° de abril fue parte de una estrategia política y militar, que no solo demuestra su reactivación sino el control sobre unos territorios y la recuperación de otros”.


Un Paro por la defensa de la vida y para construir paz
Para Luís Acosta, coordinador Nacional de la Guardia Indígena y miembro de la dirección de la Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC, el contexto en el que se desarrollará la Minga Nacional Agraria campesina Étnica y Popular, que es el nombre que ha tomado la jornada de paro, es peligroso:  “El momento político es de alto riesgo porque aunque aparentemente la guerra se ha disminuido en nuestros territorios, es una guerra silenciosa, de penetración de los proyectos económicos de las transnacionales y de repoblamiento de los grupos paramilitares. Es un momento de cambio de estrategia en donde los medios juegan un papel fundamental de confusión de la gente, aquí uno no sabe cuál es el enemigo, porque nos quieren mostrar que ellos los de la burguesía se pelean entre sí, pero seguramente es una mentira. También es un momento interesante de mucha esperanza”.

La jornada del 30 de mayo según el vocero indígena es una oportunidad para levantar un grito de resistencia, “es un campanazo de alerta, un momento para decirles: aquí estamos unidos los pueblos, y es un momento para desenmascarar esa guerra silenciosa y hacerle frente a las políticas del régimen, que son de guerra y violencia en los territorios. El sistema está entero, no es cierto que va a haber paz, hay una situación de desigualdad y esa brecha entre ricos y pobres se distancia cada vez más. Es un momento para la pedagogía, para que la gente entienda que el modelo económico es el causante de las desigualdades, y que la salud, la educación, la vivienda, la alimentación, los servicios públicos, etcétera, se hayan convertido en un negocio. Es un momento para abrazarnos y compartir con nuestros hermanos afros e indígenas en la lucha. Movilizarse por la defensa de la vida es el mejor ejemplo de construir paz”.


Que se cumpla lo incumplido; que participen los pueblos
Esa realidad de país expuesta por los líderes de la Cumbre Agraria, es compartida por otras organizaciones sociales y políticas, por los camioneros, víctimas, mujeres y sectores sindicales. Por eso vienen impulsando la realización de una nueva jornada de movilización de carácter indefinido a partir del 30 de mayo de 2016. Dicha jornada tiene como propósito central confrontar el modelo neoliberal que como lo expresaron los líderes sociales es un modelo de saqueo, de despojo de los territorios, de empobrecimiento de las comunidades. El paro también permite generar escenarios de articulación para mejorar las condiciones de la lucha social y popular. En ese sentido el Paro, o la Minga como también se ha llamado, adquieren un carácter político porque confronta políticas nacionales del Gobierno, y un carácter reivindicativo porque busca alcanzar unos acuerdos  mínimos para avanzar hacia propuestas de cambios y transformaciones a favor de las comunidades.

Según lo expresa Miguel Ángel Cassiani Chico, dirigente Nacional de ANAFRO y del Proceso de Comunidades Negras (PCN), “el Paro Indefinido o Minga busca presionar al Gobierno Nacional para que cumpla los acuerdos que se han hecho con la Cumbre. De estos escasamente han cumplido con algunos proyectos económicos para la reactivación del campo en favor de las comunidades negras, campesinas e indígenas y eso no se ha cumplido a cabalidad teniendo en cuenta que está plasmado en un documento firmado con el Ministerio de Agricultura desde hace casi dos años, y esa falta de cumplimiento es la que nos da pie para volver a movilizarnos para exigir el cumplimiento de los acuerdos”.

Los indígenas tienen, además, propósitos adicionales, uno de ellos es el fortalecimiento de la Guardia Indígena. Su coordinador nos explica: “La Guardia es una iniciativa que retomaron nuestros pueblos de la resistencia milenaria; es una realidad que busca mantener la defensa del territorio y el equilibrio y la sana convivencia de nuestro pueblo. No utilizamos armas, pero sí autoridad. Somos miles y por esto requerimos recursos, financiación para profesionalizar y especializar a la guardia, su funcionamiento, su formación técnica, física y académica, todo lo que esta requiera para desarrollar su labor de defensa del territorio, el agua, la comida y el buen vivir de las comunidades, dentro de la ley y la constitución que contempla la Jurisdicción Especial Indígena; la Guardia Indígena es una verdadera realidad de paz y sería de gran apoyo en los territorios en estos momentos que se van a firmar los acuerdos de paz. El guardia presta seguridad desde la vida, desde lo humano y no desde lo militar armado”.

Según Juvenal, consejero de la ONIC, el pueblo indígena tiene 28 mesas de negociación con el Gobierno y 1402 acuerdos incumplidos. Por eso ellos han recorrido cada palmo de su territorio, a nivel nacional, para impulsar la participación de los diferentes pueblos indígenas  en la preparación y ejecución de esta jornada. Para ellos es fundamental que sus pueblos conozcan las razones de su lucha y lo hagan con el espíritu, el cuerpo y el corazón. Serán miles los que participen en el Paro.


Romper la marginalidad, que nos sumemos todos y todas
Las diferentes voces del Movimiento Social manifiestan que uno de sus propósitos es convocar al conjunto de la sociedad, a los millones de colombianos y colombianas que están cansados de soportar las injusticias de un modelo económico y político que los hunde cada vez más en la miseria y la exclusión.

Para Sandra Solano, Vocera Nacional de Confluencia de Mujeres para la Acción Pública “el espacio de la Cumbre es un espacio de unidad que hay que seguir fortaleciendo desde las diversas organizaciones y desde el movimiento social en general. La tarea es salir a enamorar a la gente de este escenario y de la movilización; en esa actitud estamos todos los sectores que aquí confluimos, pero sobre todo para hacer una convocatoria muy amplia que recoja las luchas territoriales, que recoja las luchas de sectores y organizaciones que no hacen parte de este proceso, y esa es la gran tarea desde los territorios y desde los sectores también”.

Por su parte el dirigente nacional de ANAFRO señaló que “venimos haciendo muchas reuniones sectoriales dándole a conocer a los procesos que no están vinculados en la Cumbre Agraria, de la importancia no solo de este espacio sino de que nos movilicemos todos los sectores, incluso procesos independientes que han estado más solos y mucha gente que está suelta. Queremos que se involucren en este gran proceso nacional porque la Cumbre es un proceso para que Colombia entera tenga las garantías que el Gobierno nos debe brindar”.


La Paz con Justicia Social, una tarea de los pueblos
Al igual  que jornadas de movilización anteriores, este nuevo momento también busca abrirle caminos a la construcción de la Paz con Justicia Social y como una tarea que corresponde al conjunto de la sociedad. En palabras de Jimmy Moreno, “un objetivo central es la participación en clave de Paz, el Gobierno tiene la oportunidad de sentarse con las comunidades a negociar el conflicto social que tenemos y en esa perspectiva, en la Cumbre hemos dialogado sobre la importancia de poner sobre la agenda la participación vinculante de las comunidades. En esa línea venimos unificando el pliego y diseños de movilización, en la perspectiva de la confrontación al modelo y la construcción de paz desde las apuestas populares”.

“Una de las exigencias - expresa Cassiani- es que nosotros como etnias negras, indígenas y campesinos, tengamos una representación propia en las mesas de negociación, ya que allí se está hablando del campo que es donde nosotros estamos, y lo que vemos es una afectación desde ya en un escenario de “postconflicto” por el modelo que existe. Eso es lo que nos tiene preocupados y por eso exigimos la representación en esos escenarios de dialogo”. Luis Acosta sostiene que el Paro, la movilización, por sí sola es un acto de paz, “son los ejercicios legítimos de proteger la vida; para los pueblos indígenas la paz es la vida misma de la gente, no se puede entender como una coyuntura. La paz es que haya agua, alimentos. El paro es para defender el agua y confrontar a los que quieren acabar la vida de la naturaleza, y como el modelo la quiere acabar hay que derrotar el modelo”.

De igual manera para Sandra Solano “esta movilización nos va permitir mirar nuestra correlación de fuerzas y ampliarla también. En ese sentido la acción de movilización busca generar presión al Gobierno colombiano para que se siente a negociar con el pueblo; aunque ya con la Cumbre se ha sentado, hay un montón de acuerdos incumplidos por parte del Gobierno Nacional, y   es importante que la movilización sea un elemento de presión pero también de cómo vamos cualificando fuerzas y llamando al conjunto de la sociedad colombiana”.

En suma esta nueva jornada hay que entenderla como un respaldo a los procesos de paz que buscan una solución política negociada al conflicto armado, económico, social y político. Es una jornada que quiere derrotar el modelo económico, que busca que las decisiones sobre el manejo del país no las tome solo el Gobierno Nacional sino el conjunto de la sociedad, como corresponde a una democracia. Esta Minga, según los líderes sociales se debe aprovechar para difundir esa perspectiva de paz con justicia social y ambiental, una paz con cambios y transformaciones. Una paz construida con participación activa de las comunidades, que presione al Gobierno Nacional a sentarse a negociar los conflictos sociales que golpean a la Nación.

viernes, 13 de mayo de 2016

La ‘Canción Propuesta’ vuelve en concierto a Medellín

A Hernán, Leonardo y Roland los unió, hace 25 años, el gusto por la música y su sensibilidad social.  Esto los llevó a crear en 1991 el grupo musical Pasajeros, además de una nueva propuesta que denominaron La Nueva Canción Latinoamericana o Canción Propuesta, que como ellos mismos la definen “buscar surtir como invitación al hombre y a la mujer del común a que hagan de su vida un compromiso en la búsqueda de una sociedad más justa y correspondiente a un proyecto de país auténtico, reconocedor de la inmensa riqueza que representa la diversidad cultural que ha dado la historia de nuestro continente”.

Desde su nacimiento como grupo, trabajaron de la mano con los movimientos sociales de todo el país, llevando sus mensajes de justicia, verdad y amor. Sin embargo -a causa de la persecución  política que han denunciado históricamente estos procesos-, en una de las actividades culturales y de movilización que respaldaron en el municipio de Copacabana – Antioquia fueron retenidos y, sin pruebas, acusados de terrorismo. Tras meses en prisión, se vieron obligados al exilio.

Desde entonces, se convirtieron con mayor fuerza en ícono y referente musical del movimiento social, quien durante años esperó para volver a verlos reunidos en su país natal, celebrando con la canción propuesta. Eso ocurrió en 2014, luego de 10 años, cuando los Pasajeros se reencontraron para dar una sentida gira por todo el país. Tras este reencuentro, continuaron trabajando conjuntamente para impulsar, principalmente, un relevo generacional con nuevos amigos y otros  que desde hacía más de 13 años venían cultivándose en los semilleros de música de Pasajeros.   


Solo hasta hoy, con motivo de los 25 años de vida del grupo, decidieron nuevamente presentarse en Medellín junto con los nuevos integrantes, en un concierto que nombraron “25 años a bordo de la Canción Propuesta”.  Este encuentro se llevará a cabo el próximo 25 de mayo a las 7:30 de la noche, en el Teatro Pablo Tobón Uribe de la ciudad. Será  un encuentro para celebrar la vida y la esperanza, que deja de ser ilusión, como dicen en una de sus canciones más sentidas.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Nada para la guerra

Artículo publicado en la Edición impresa 116 (Abril - Mayo 2016) de Periferia Prensa Alternativa

Por María Isabel Giraldo Velásquez

Quiero traer a colación este párrafo de cien años de soledad, que nos relata en parte lo que hemos vivido las mujeres milenariamente: “La crónica de los Buendía, acumula una gran cantidad de episodios fantásticos, divertidos y violentos, y la de Macondo, desde su fundación hasta su fin, representan el ciclo completo de una cultura y un mundo. El clima de violencia en el que se desarrollan sus personajes es el que marca la soledad que los caracteriza, provocada más por las condiciones de vida que por las angustias existenciales del individuo”.

La soledad que marca a las mujeres con las que he conversado y escuchado, además de sus condiciones precarias de existencia, se suma a la situación de violencia en que les ha tocado vivir, ya que es un cuerpo femenino el que sufre, reducido por las circunstancias que pasan,  como es  la muerte violenta de sus hijos, esposos, y/o padres; pero además son discriminadas por la estructura de poder  y de género,  usado por la colonización y hegemonía del mundo; la mujer más que nadie es dominada y subyugada; y esto atraviesa la historia del movimiento social de mujeres y de la humanidad.

Las historias de las víctimas se usan como principal argumento para la guerra. Pero en verdad son el principal argumento para la Paz; esta frase fue dicha en la mesa de diálogos en La Habana por una víctima, a sus victimarios. Es muy contundente empezar a entender las posturas de las mujeres en este proceso del “pos conflicto”, que más pudiéramos decir, es de  pos-acuerdo ya que entramos en diálogos y propuestas, y seguramente el conflicto no terminará.

Casi todos los testimonios de las Mujeres víctimas, tienen características de lucha, como la resistencia a la guerra, la búsqueda de la Paz en todos los rincones,  donde se colocan nuestras huellas diarias, y el caminar hacia el reconocimiento, porque la exclusión permanente de ser sujetas políticas marcó mucho, pues no éramos escuchadas en nuestras prácticas históricas de paz,  y a la vez, la participación política y social era incipiente; por esto ahora como constructoras con voz,  cuerpo, mente y letra de mujer hacemos que esta realidad sea mirada con lente diferencial, porque hemos aprendido de las experiencias del mundo a hacer de la  noviolencia una forma de vida.

Los rostros de las mujeres tienen una mirada infalible, pero la misma sensación de esperanza, más que de desesperanza. La resistencia, la capacidad de sobreponerse a las atrocidades y la lucha por la sobrevivencia, son aportes de las mujeres en la defensa de la vida, en este contexto de guerra interna que desde hace cinco décadas tiene lugar en el país.

Vemos que cada vivencia es única e irrepetible, tiene alma de Mujer, es un ejemplo de entereza y de coraje, como la de Fabiola Lalinde, con su operación Sirirí, incansable hasta dar con su hijo y señalarle al Estado su obligación a la verdad, justicia y reparación; lo mismo la de Teresita Gaviria una de las madres de la Candelaria,  que perseverante repica junto con las campanas de la iglesia cada miércoles su pedacito de historia, que guarda en la memoria con afán de que su hijo sea recordado y no olvidado. O Manuela, quien me dice cansada, con desánimo y sin rabia, que no sabe ni volvió a ver a su esposo nunca más,  desde aquel día que salió con su desayunito que ella le empacó para irse  a la fábrica donde trabajaba.

Pero no solo la guerra ha dejado muertos, la muerte llega sin estar en ella, es una simple paradoja, pero es una realidad que pasa en Colombia, como en ningún país del mundo. Es simple y llanamente unir pedazo a pedazo las memorias de cada mujer que ha sido víctima, de paramilitares, de la guerrilla, de bandas de sicarios, de muchos victimarios que no se conocen; porque  con las que he dialogado, de casi todas las edades, sus relatos  señalan la manera de romper el círculo de la violencia, puesto que vienen intentando  resarcirse de la miseria que deja la guerra para reinventarse la Paz, recuperando ese tejido social tan necesario. Simbólicamente hablando es hacer la colcha de retazos, y al unirla, colocar el poder de convicción que nos caracteriza; solo necesitamos creer en ellas,  es decir en nosotras, para la reconstrucción de la verdad, ya que con la guerra nada.

Encuentro estas cifras que suministra la Unidad de Víctimas,  que son aterradoras. Hasta este momento hay 3.657.438 mujeres que han sido reconocidas como afectadas personalmente en el marco del conflicto armado. Eso significa, ni más ni menos, “que más del 50 por ciento del total de víctimas son mujeres”, dice al periódico El Tiempo Gabriel Bustamante Peña, subdirector de la Unidad de Victimas.

Sigue informando el señor Bustamante, de ellas, más de 3 millones fueron desplazadas a la fuerza de sus pueblos, veredas y hogares. Otras 440.000 han sido asesinadas. La lista es sobrecogedora: siguen luego las amenazadas, las torturadas, las que desaparecieron sin dejar rastro, las niñas y adolescentes reclutadas a la fuerza, las mutiladas por minas explosivas, las secuestradas.

Y termino comentando que el mayor número de desplazamientos se ha cometido en Antioquia, contra 528.626 mujeres, que son el 14.5 % del total. Le siguen dos departamentos de la región Caribe: Magdalena, con 226.000 víctimas, y Bolívar, con 223.000. En cuarto lugar aparece Nariño. El quinto es Cesar.

Trato de hacer que este recuento, a pesar de los pesares, sea elocuente,  pensando en mi rostro de Mujer y la ojeada a esta Colombia desangrada -porque este cielo no me ha abandonado jamás- para inventarnos desde nuestra vida cotidiana una solución pacifica de los conflictos y “el derecho a vivir sin miedo”, como lo dicen las mujeres de María la Baja, al pie de los Montes de María, en el centro de Bolívar.

Explotación laboral y calentamiento global: dos por el precio de uno



Artículo publicado en la Edición impresa 116 (Abril - Mayo 2016) de Periferia Prensa Alternativa



Por Renán Vega Cantor

Una característica distintiva del capitalismo es la explotación de los trabajadores, en donde se origina la plusvalía que es la fuente de la acumulación del capital. Pues resulta que dicha explotación en el capitalismo actual no está desligada del aumento de la temperatura en el planeta entero. Un dato es indicativo: el predominio del capitalismo en su versión neoliberal, momento en el cual se dispararon las emisiones de gases de efecto invernadero, coincide plenamente con la pérdida de derechos de los trabajadores, la flexibilización laboral, y la explotación intensificada en China y el orbe entero.

China se ha convertido en el “taller del mundo” y allí está en marcha una Revolución Industrial al estilo inglés del siglo XVIII, con la diferencia de que sus efectos humanos y ambientales hay que multiplicarlos por mil y se produce en un tiempo acelerado, porque mientras la de Inglaterra necesitó de un siglo, la de China no lleva sino 25 años. Esa transformación acelerada de China hacia el capitalismo está ligada a  su producción para el mercado mundial, que se sustenta en dos premisas: fuerza de trabajo barata, abundante y explotada al máximo y destrucción de ecosistemas, contaminación y uso intensivo de combustibles fósiles, carbón, entre otros, para satisfacer los requerimientos del capitalismo mundial.

El nexo entre explotación y calentamiento global se evidencia en el hecho de que en China coinciden, como muestra a vasta escala de lo que sucede en gran parte del mundo, un incremento del uso de energía sucia con un irrespeto por la fuerza de trabajo. Como dice Naomi Klein, dos por el precio de uno. Pero la responsabilidad no es solo de China, sino del capitalismo central, porque lo que se produce en el gigante asiático está orientado hacia este último.

No extraña que la descentralización productiva se haya hecho para bajar el costo de la fuerza de trabajo en Estados Unidos y Europa, así como para eludir controles al medio ambiente, que se exigen en estos territorios. El incremento productivo, que se manifiesta en el eslogan “todo es chino”, llena las arcas de las multinacionales y los escaparates de los supermercados y centros comerciales del mundo, sin interesar el costo humano y ambiental de las mercancías que vienen del nuevo dragón asiático y de los denominados nuevos países industrializados.

Si se quisiera ilustrar el asunto con un ejemplo, solo basta recordar que forman parte de una misma lógica, la del capitalismo, los trabajadores de las fábricas de la muerte (regadas por el orbe entero) que laboran en condiciones oprobiosas y durante interminables jornadas y también los habitantes de las ciudades (como Pekín o Medellín) que se asfixian en la niebla contaminante (esmog) que resulta, en gran medida, de la utilización masiva y sin control de automóviles y motocicletas, que han sido producidos por los obreros de aquellos talleres de la muerte. 




Rosa, voceadora en las laderas


Artículo publicado en la Edición impresa 116 (Abril - Mayo 2016) de Periferia Prensa Alternativa

Por Saúl Franco

Rosa frota sus débiles manos para ahuyentar el frío que sube a través de sus pies morados por una ulcera varicosa y penetra su cuerpo magullado por los años de excesivo trabajo. Su cuerpo fue operado para extraerle una masa benigna, y esto le ocasiono un paro cardiaco. Ella ha sido conocida como una mujer fuerte y fraterna. Es una voceadora que ha dedicado 27 años de su vida a vender diarios y periódicos en la ciudad, caminó las laderas de la Comuna 8 entregando la prensa a sus clientes quienes en su mayoría viven por el barrio Las Estancias, Caicedo y Villa Liliam. Era común verla reposando en media loma, apoyada en su bastón, bajo el intenso sol para seguir su camino; la mayoría de los conductores de las busetas de Caicedo y La Sierra le daban un empujón que terminaba con su agobio y su cansancio. Sentada en el mismo lugar donde hace 26 años recibió la noticia del asesinato de su hijo por milicianos en el barrio Antioquia, por no unírseles, Doña Rosa Elena Mira, nos cuenta su historia como trabajadora, madre y persona con movilidad reducida. 

Antes de ser una pregonera de prensa, trabajaba como empleada del servicio en una casa, después aseaba una academia de baile, al tiempo que hacía y vendía frituras para sus patronos, hasta que quebraron. De esos empleos no le quedó ni un peso por cuenta de pensiones, a pesar de que logró ser afiliada al seguro; acabó su salud al beneficio de otros y a ella solo le queda el dolor de sus enfermedades por el afán que da el hambre y la firme idea de no depender de nadie. Su único consuelo es su otro hijo de 49 años quien también ha sido afectado  a causa del narcotráfico y la explotación laboral.

Mientras conversa sentada en una silla y cerca de su caminador, ve a los niños del vecindario jugar por una rampla en la que en otrora veía desfilar, a toda prisa, hombres armados al servicio de milicias y paramilitares. De repente Rosa se queda en silencio, inclina su cabeza como quien busca entender mejor lo que pasa y oímos que su hijo golpea con fuerza algún objeto de pasta; una vez sabe que no sucede nada, habla  en voz baja:

“Él es especial. Cuando tenía 18 años una mujer lo enamoró y lo arregló, todo lo que ganaba se lo daba a ella. Él no ha podido superar eso a pesar de haber estado en el hospital mental más de tres veces. Dejó de trabajar, se la pasaba calle arriba y calle abajo. De tanta confusión  se entregó a la droga, se dejó convencer de unos ladrones y terminó robando, con tan mala suerte que un día les cayó la policía y solo lo cogieron a él. Y a pesar de probar su enfermedad, los médicos legistas y los jueces lo mandaron a una cárcel en Acacías, Meta, y de allá salió más enfermo, tanto que se perdió, no recordaba dónde vivía. La familia que lo recogió, le pedía casi todos los días que anotara los números de teléfonos que él sabía y  llamaban a preguntar que si lo conocían, hasta que por fin dieron con el número telefónico de la casa de unos familiares del barrio trinidad y así regresó”.

El hombre pasa por la sala haciendo pucheros y renegando, Doña Rosa va con la mirada donde él y regresa. Él da unas patadas a un muro y caen dos pedazos de adobe.  

¬— ¿Oiga que va a hacer? ¿Va a tumbar la puerta? -Grita con una voz fuerte que no parece salir de su cuerpo- Recoja eso, vea que ya tumbó la puerta.
Doña Rosa aprendió a leer cuando ya pasaba los 20 años, en una escuela del barrio Trinidad, en compañía de niños. Sus recuerdos de esa época no son muy claros, pero sí tiene imágenes gratas como cuando la profesora le decía que aprendiera primero que todo a firmar. Con las matemáticas ha tenido una experiencia dura, sus sumas y restas claras,  solo se dan en la práctica; sumar o restar números en el papel no se le da muy bien, pero se ha sabido defender con su trabajo de voceadora.

Doña Rosa empezó con un capital prestado, porque las agencias no dan en consignación, así que compro en Serviprensa diferentes ejemplares de los periódicos y se fue a vender de casa en casa. Desde las 4 de la mañana salía de la casa a recoger los periódicos y con los que más trabajaba era con El Colombiano, La chiva ahora el Q’ Hubo, El Tiempo, El Espacio y El Espectador. El mejor día era los domingos y conseguía hasta con que mercar, pero las ventas tenían que ser altas, porque ninguno le daba, ni le da, más de 500 pesos; realmente en los últimos años ella ha podido vivir es de la solidaridad y caridad de sus lectores y vecinos, más que de las ganancias de la prensa.

A Doña Rosa no le tocó la época en la que los voceadores gritaban los titulares de la prensa; lo más parecido que le ha tocado es el de gritar el nombre del medio. Tampoco pasa entre filas de carros en la vía como lo hacen muchos, ella mantiene un lugar fijo en las escalas de la Iglesia Nuestra Señora de los Dolores en Villa Liliam parte baja, o Las Estancias para otros. Para entregarles a sus lectores los encargos tiene una ruta fija desde hace años. Ella es el puente, el medio que le ahorra a los clientes y a las empresas de los diarios dinero, tiempo y logística, con lo que consigue escasamente unos pesos comer algo antes de irse a dormir.

A cambio de dedicar su vida y su salud no ha recibido más que algunas gorras, delantales, uno que otro morral con publicidad del medio, y alguna invitación a una fiesta, cosas que a ella le parecen bien y suficiente porque ignora la importancia de su trabajo para las empresas editoras de prensa, quienes se han valido de estas personas en situaciones económicas difíciles.

De caminar y caminar por las laderas entregando el periódico a ella solo le ha quedado la ulcera varicosa, una mano quebrada e inútil que un bus le dejó por arrancar sin precauciones cuando ella  atravesaba la calle;  y también le queda una que otra mano amiga que la ha socorrido en momentos trágicos. Doña Rosa ahora y después de 18 meses de estar hospitalizada, regresa de nuevo a trabajar con dinero prestado a las gradas del Templo Nuestra Señora de los Dolores, donde grita: 
“¡El Colombiano, El Q’Hubo, El Mundo, El Tiempo!”- a viva voz, mientras su cuerpo se duerme, deseando que no sea más la caridad quien le dé de comer, sino la justicia, así sea la divina.

Derecho a la comunicación e información: un debate para la paz

Artículo publicado en la Edición impresa 116 (Abril - Mayo 2016) de Periferia Prensa Alternativa

Por Cristian Zuluaga

Durante muchos años la movilización social en Colombia ha puesto en discusión la necesidad de que el Estado garantice nuevos espacios comunicacionales desde donde se promueva la pluralidad de visiones sociopolíticas, económicas, culturales, y que además cooperen en el mejoramiento de la información pública, como elemento central en la vida social y comunitaria para el ejercicio de la ciudadanía y la democracia.

Dos grandes elementos concentran estos reclamos. El primero tiene que ver con poner de manifiesto que la propiedad de los medios masivos de comunicación se encuentran en manos de pequeños grupos económicos y políticos; el segundo, como consecuencia del primero, se relaciona con los contenidos producidos, donde se incluyen cuestionamientos a las maneras de abordar una noticia, la falta de interés por la formación política de los ciudadanos y la no representación de la diversidad cultural e ideológica. De cara a estos reclamos, ningún gobierno (digamos, los cinco que van del periodo de economía neoliberal) ha tenido decisión ni interés de abrir un amplio debate en el país frente a una necesidad y a una deuda de la democracia colombiana: la construcción social de una ley de medios y de la información.

Por un lado, debe ser una construcción social pues en muchos territorios del país se han planteado propuestas de comunicación alternativa desde la radio, televisión y prensa comunitaria, rural y popular, siendo expresiones sociales fundamentales para la paz, y que en muchos momentos han sido silenciadas por actores cercanos al Estado, promotores del autoritarismo. De otro lado, se debe remitir a la gran cantidad de medios que confluyen hoy en el espectro informativo: blogs, redes sociales, revistas y periódicos digitales, entre otros.

Esta situación evidencia que hace rato la transformación digital modificó el paradigma tradicional de la comunicación en el cual había una audiencia receptora de información y estática en la producción. Sin embargo lo que aún no se transforma, es el poder de algunas pocas empresas de comunicación – por cierto, homogéneas en contenido- al tener una mayor audiencia sobre la cual inciden de múltiples maneras; en otras palabras, aunque internet sea otro gran medio masivo, las dos grandes cadenas de información en Colombia siguen proponiendo una agenda precaria a la opinión pública.

Planteado este panorama surgen diferentes preguntas: ¿Debe el Estado intervenir en la regulación y promoción de un nuevo sistema de comunicaciones que articule los diferentes medios en los cuales hoy circulan gran cantidad de información? ¿Esta intervención debe ser en la propiedad de los medios (prensa, radio y televisión), en el contenido de la información o en la forma como se articulan los diferentes medios? ¿Cómo se relaciona esto con la construcción de paz territorial, la defensa de la información como un derecho humano y con el fomento de distintos pensamientos y nuevas ciudadanías?

¿Qué ha sucedido con nuestros vecinos? 


Venezuela, Ecuador, Argentina y Uruguay han sido algunos de los países de la región que desde el 2004 han generado debates nacionales frente al sistema de comunicaciones. Si bien cada uno tiene sus propias particularidades, América Latina comparte una historia de los medios en los cuales el liderazgo de pocos grupos mediáticos, concentrados en centros urbanos de cada país, generan una agenda informativa que no reconoce otras realidades nacionales; además, frente a la ausencia de regulación formal y legal se ha impuesto un control informal motivado por la relación entre los gobernantes y los detentadores de las empresas periodísticas.

Estos y otros elementos políticos promovieron que gobiernos, principalmente de izquierdas, manifestaran su interés por regular los sistemas de comunicación nacionales y democratizar el acceso a estos medios; tal como lo cuenta Martín Becerra: “Varios gobiernos de la región enunciaron su intención de modificar el statu quo en las industrias de la comunicación (…) se trata de políticas que pretenden alterar su régimen de propiedad, sus modos de financiamiento y las posibilidades de acceso a ellas por parte de diferentes actores sociales”.

Una de las leyes con mayor resonancia en la región fue la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en Argentina, aprobada en 2009 en el periodo de Cristina Fernández de Kirchner; al ser revisada, la Corte Suprema de Justicia le otorgó toda la constitucionalidad y sentenció que “el objetivo de la regulación de los medios es el robustecimiento del debate público y que ello demanda regulación, equilibrio y razonabilidad por parte del Estado”. Este tipo de apuestas democráticas por la comunicación no ha gustado a grupos periodísticos (como el Grupo Clarín en Argentina) ni a gobiernos neoliberales; lo mostró el arranque del gobierno de Mauricio Macri en el sur del continente, al modificar a través de un decreto la anterior Ley. 

Sin duda estas regulaciones abren muchos debates sobre la libertad de expresión y el uso del espectro informativo en las naciones, y estas experiencias latinoamericanas son claves para pensar el proceso de construcción de una ley de medios en Colombia, que se articula a un momento histórico donde la repolitización de la vida social se hace imperante desde múltiples escenarios que contribuyen a la paz.

Sin embargo no se debe creer que una ley por sí sola transformará las realidades. Es necesario que los múltiples y variados medios de comunicación alternativos, populares, juveniles, aporten y sean las bases para la edificación de esta ley. Los partidos políticos hace rato dejaron de representar los intereses de los sujetos y grupos mayoritarios en Colombia, los medios masivos y tradicionales se han ocupado de la política de los escándalos, del espectáculo y de valorar a la información como un mero espacio publicitario. Los nuevos medios masivos de comunicación deben representar los diferentes intereses y promover que sean las mismas comunidades quienes se auto representen, ya que a indígenas, campesinos, estudiantes, afros, lgtbi, trabajadores, entre muchas otras expresiones sociales, se les ha negado un espacio real en la información y en los contenidos producidos.

De esta manera la comunicación y la información deben avanzar hacia la recuperación de memoria nacional y la reconstrucción de subjetividades y colectividades, a la movilización social y con objetivos comprometidos con la participación democrática efectiva. No en vano, en la mesa de negociación en La Habana en el punto de participación política se acordó: “Los medios de comunicación comunitarios, institucionales y regionales, deben contribuir a la participación ciudadana y en especial a promover valores cívicos, diferentes identidades étnicas y culturales, la inclusión política y social, la integración nacional y en general el fortalecimiento de la democracia”.
¡Vaya tarea nos espera como país!